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(Salmo 102 -
"¡Bendice, alma mía, al Señor!")
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Bendice, alma
mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma
mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
El perdona todas tus culpas y cura todas tus
enfermedades;
el rescata tu vida de la
fosa, y te colma de gracia y de ternura;
el sacia de bienes tus
anhelos, y como un águila se renueva tu juventud.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
El Señor hace justicia y defiende a todos los
oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
El Señor es compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando ni guarda rencor
perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras
culpas.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Como se levanta el cielo sobre la
tierra,
se levanta su bondad sobre sus
fieles;
como dista el oriente del
ocaso, así aleja de nosotros nuestros delitos.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Como un padre siente ternura por sus
hijos,
siente el Señor ternura por sus
fieles; porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos
barro.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Los días del hombre duran lo que la
hierba,
florecen como flor del campo, que el viento la
roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a
verla.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Pero la misericordia del Señor dura
siempre,
su justicia pasa de hijos a
nietos: para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus
mandatos.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
El Señor puso en el cielo su
trono, su soberanía gobierna el universo.
bendecid al
Señor, ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus órdenes,
prontos a la voz de su
palabra.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Bendecid al
Señor, ejércitos suyos, servidores que cumplís sus deseos.
Bendecid al
Señor, todas sus obras, en todo lugar de su imperio.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
¡Bendice, alma
mía, al Señor!
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
Gloria al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
"Yo Soy la Luz y la Vida,"dice
Jesús,
"Espera en Mí y me alabarás
siempre."
Perdóname por no amar y desear lo que Tu amas y
deseas,
y por no aceptar lo que me
envías.
Dame un corazón contrito y humillado para poder recibir Tus gracias.
"Estaré contigo como lo estuve con
Moisés," dice el Señor,
"no te dejaré ni te
abandonaré. Sé valiente y ten ánimo."
El Señor es misericordioso con nosotros y Su Palabra y Voluntad nos da vida
eterna. El dispone todas las cosas para bien de los que lo aman porque el nos ha escogido y
llamado.
"Amén," dice el Señor,"En verdad te
digo, cuando venga él, el Espíritu de la verdad, te guiará hasta la verdad
completa. Palabra de Yavé."
Demos gracias a
Dios, porque El Espíritu viene en ayuda de nuestra
debilidad. El mismo intercede por nosotros con gemidos
inefables.
¡Bendecid al Señor
que, por la dolorosa pasión de Su
Amadísimo
Hijo, tiene misericordia de nosotros y del mundo entero!
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