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Y la cuarta clase de fe es la fe que salva, la fe que tu y yo necesitamos, según nos dice
en los Romanos 10: 9, “Porque te salvarás si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y
crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos. La fe del corazón te procura
la verdadera rectitud, y tu boca, que lo proclama, te consigue la salvación. La Escritura ya
lo dijo: El que cree en él no quedará defraudado.” Esta es la fe que
salva. Esta es la fe que nosotros confesamos con nuestra boca diciendo que Jesús es nuestro
Señor, y que nosotros creemos en nuestro corazón que Jesús es El que Vive y es el Dios que ha resucitado de entre los
muertos. Esta es la fe en la que Jesús se admira cuando ve esa fe en el corazón del
creyente.
No podemos tener una fe muerta, porque el que tiene fe muerta tiene vida
muerta. No podemos tener solamente una fe intelectual, porque el que tiene solamente una fe intelectual
jamás va a conocer el amor de Dios ni se va abrir al amor y la vida de Dios. Tenemos que
creer no solamente con nuestra mente, según aquellos que tienen una fe
intelectual, sino creer con, y en, nuestro corazón en aquel quién Dios resucitó de entre los
muertos. Tampoco no podemos tener una fe temporaria, porque esa fe temporaria no nos puede ayudar a conseguir la Vida
Eterna. Necesitamos una fe que perdure. Necesitamos una fe que no sea
temporaria, sino una fe que, pase lo que pase en nuestra vida, venga lo que venga en nuestra
vida, nos mantiene siempre muy confiados en Cristo Jesús que todo lo puede y nos da la
salvación.
Tener Fe en Jesus es la Obra de Dios
Tener fe… Muchos hablamos de tener fe. Si tenemos fe, estamos haciendo la obra
de Dios. Por eso es tan importante la fe, porque con ella hacemos la obra de
Dios. Con la fe Dios está obrando dentro de nosotros. Por eso cuando la gente le
preguntaron: “Que cosas tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?" Jesús les
respondió: "La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado." (Juan 6:28-29) Y si nosotros creemos en aquel que Dios ha
enviado, en Cristo Jesús, y que El nunca nos abandona, siempre está con
nosotros, y conoce nuestra vida, nosotros estamos haciendo la obra de Dios. Y si
creemos en aquel que Dios resucitó de entre los muertos, en Cristo Jesús que nos da la vida
a nosotros, y que está en el Santísimo Sacramento del Altar, puede pasar lo que pase en
nuestra vida, pero Dios va estar obrando en nuestra vida. Sabemos esto porque tener fe en
Cristo Jesús es hacer la obra de Dios, y es lo que Dios obra dentro de
nosotros.
La Fe: Don de Dios
La fe no es nada mas ni nada menos que un Don de Dios. Para tener fe tenemos que
pedirla. La fe no nace con el nacimiento corporal sino con el nacimiento
espiritual. Nosotros tenemos que pedirle al Señor, por medio de la
oración, esa virtud tan importante de la fe. La fe es que nos hace entender a nosotros
que: somos hijos de Dios; que Dios existe; que nuestro Señor es real; que Dios es compasivo y cumple Sus
Promesas; que el Señor atiende nuestras necesidades, y que Dios es
misericordioso. Necesitamos pedir esa fe que es un don de Dios. No podemos obtener la fe solamente por nuestros esfuerzos
humanos. Solamente Dios, con Su Gracia, puede darnos aquello que tanto
necesitamos. Pues Dios nos dice en Efesios 2:8 “Ustedes han sido salvados gratuitamente por la
fe; y esto no vino de ustedes, sino que (la fe) es un don de Dios.” Esa fe que Dios nos da es la misma fe que nos trajo a
meditar, en este momento, las cosas de Dios. Y es esa fe que nos puede ayudar a conseguir
lo que nosotros necesitamos en este momento. Solamente con fe podemos
obtenerlo. La fe nos abre a nosotros la puerta del cielo, pero tenemos que saber que la fe tiene que ir siempre acompañada por la esperanza y la
caridad. La fe nos abre a nosotros la puerta del cielo, mientras que la esperanza nos da a nosotros el valor de entrar al
cielo, y la caridad nos llena da lo que necesitamos para permanecer en el
cielo...
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